Del que nace de 15 años vendiendo y diseccionando cómo deciden los clientes.
Cuando explicas de viva voz a qué te dedicas y por qué tu proyecto es único, se entiende. En una reunión, en una feria, en una llamada… queda claro cristalino.
En cambio, en tu web, tu dosier corporativo o en esa presentación en inglés que has reescrito tropecientas veces, algo falla. Por muchas horas que le dediques y por mucho que exprimas a la IA, el resultado se queda corto.
No suena como tú.
No refleja todo lo que vale tu negocio.
Incluso te da vergüenza mostrar lo que escribes.
Mientras tanto, estás dejando escapar ventas. Porque clientes que deberían ser tuyos acaban por elegir a tu competencia.
en una cabina de interpretación para ser exactos.
Como intérprete, tienes que captar en milisegundos lo que encierran las palabras: los matices y la intención. Y traducirlo a otro idioma sin que pierda fuerza ni personalidad. Lo viví el día que interpreté a Clint Eastwood. ¿Sabías que su voz real no tiene nada que ver con la del tipo duro de las películas? Y ese era mi trabajo: que esa voz, la suya, llegara intacta a quien lo estaba escuchando.
Así comenzó mi trayectoria. Con unos auriculares, un micro y aprendiendo a leer entre líneas y a trasladar un mensaje con la voz de quien estaba hablando.
Como intérprete, tienes que captar en milisegundos lo que encierran las palabras: los matices y la intención. Y traducirlo a otro idioma sin que pierda fuerza ni personalidad.
Lo viví el día que interpreté a Clint Eastwood. ¿Sabías que su voz real no tiene nada que ver con la del tipo duro de las películas? Y ese era mi trabajo: que esa voz, la suya, llegara intacta a quien lo estaba escuchando.
Así comenzó mi trayectoria. Con unos auriculares, un micro y aprendiendo a leer entre líneas y a trasladar un mensaje con la voz de quien estaba hablando.
Durante más de 15 años trabajé como responsable de exportación, vendiendo en 50 países. Entre ferias y reuniones comerciales, entendí qué hace que un comprador B2B diga que sí… y me llevé más de un ghosting tras meses de negociaciones.
Lo que me enganchaba de mi trabajo no era cerrar ventas, sino lo que pasaba antes. Ese tirar del hilo para encontrar las palabras que llevaran a mi cliente de “me lo tengo que pensar” a “tenemos un trato”.
En 2020, el COVID paró el mundo y a mí me dio el empujón que necesitaba.
Me formé con Maïder Tomasena, Beatriz Torres y Rosa Morel, tres referentes del copywriting en español que me enseñaron a convertir mi bagaje comercial en textos que venden. Más adelante, profundicé en la estrategia de ventas y publicidad online de la mano de Ana Ivars.
Nace de entender cómo piensa el comprador cuando no hay una pantalla de por medio. De haber vivido suficientes negociaciones como para saber qué le toca la fibra y qué le deja frío.
Lo que has visto con Elsa es lo que ocurre cuando tu mensaje está a la altura de tu negocio.
A partir de ahí, vender deja de ser remar contra corriente.


Tu cliente entiende a la primera lo bueno que eres y se muere por hablar contigo.
Por fin, tu web y tus textos empiezan a trabajar por ti.
Me meto en tu negocio hasta conocerlo como la palma de mi mano. Qué vendes, a quién y por qué deberían elegirte.
Nada de promesas vacías. Llevo años viendo cómo los argumentos cogidos con pinzas se caen a la primera objeción.
Mi trabajo no es decirte lo que quieres oír. Si algo no va a funcionar, te lo diré. Prefiero ajustar a tiempo que lanzar algo sin resultados.
Lo hago como hablarías en una reunión con tu cliente. Ni “marketiniano” como un folleto ni robótico como la IA de turno: como tú.
Tengo clarísimo qué fue primero, si el huevo o la gallina. Lo que vende es el mensaje; luego ya lo pondremos bonito.
El tiempo es oro, el tuyo y el mío. Tus textos no van y vuelven hasta el infinito. Pactamos una fecha de entrega y se cumple.
Me meto en tu negocio hasta conocerlo como la palma de mi mano. Qué vendes, a quién y por qué deberían elegirte.
Nada de promesas vacías. Llevo años viendo cómo los argumentos cogidos con pinzas se caen a la primera objeción.
Mi trabajo no es decirte lo que quieres oír. Si algo no va a funcionar, te lo diré. Prefiero ajustar a tiempo que lanzar algo sin resultados.
Lo hago como hablarías en una reunión con tu cliente. Ni “marketiniano” como un folleto ni robótico como la IA de turno: como tú.
Tengo clarísimo qué fue primero, si el huevo o la gallina. Lo que vende es el mensaje; luego ya lo pondremos bonito.
El tiempo es oro, el tuyo y el mío. Tus textos no van y vuelven hasta el infinito. Pactamos una fecha de entrega y se cumple.
Me meto en tu negocio hasta conocerlo como la palma de mi mano. Qué vendes, a quién y por qué deberían elegirte.
Nada de promesas vacías. Llevo años viendo cómo los argumentos cogidos con pinzas se caen a la primera objeción.
Mi trabajo no es decirte lo que quieres oír. Si algo no va a funcionar, te lo diré. Prefiero ajustar a tiempo que lanzar algo sin resultados.
Lo hago como hablarías en una reunión con tu cliente. Ni “marketiniano” como un folleto ni robótico como la IA de turno: como tú.
Tengo clarísimo qué fue primero, si el huevo o la gallina. Lo que vende es el mensaje; luego ya lo pondremos bonito.
El tiempo es oro, el tuyo y el mío. Tus textos no van y vuelven hasta el infinito. Pactamos una fecha de entrega y se cumple.
La bronca de mis padres era inevitable. Mi miopía galopante, también.
Mi madre era taquimecanógrafa. A los 10 años yo ya escribía a 300 ppm.
Y hasta chapurreo en árabe, croata y afrikaans. Entender otras culturas es lo mío.
Tipo dislocarme dos costillas practicando yoga… Y lo más grave: seguir erre que erre
Orden, ritmo e improvisación. Bastante parecido a cómo escribo.
Cuanto más castizos, mejor. Lo admito, soy un poco abuela cebolleta.
Les tengo hecha la cruz a esos guiones (—) que apestan a copy de IA.
Me fascina cómo conviven culturas tan distintas sin perder ni un ápice de su identidad.
Y no ser el motivo por el que se te escapan oportunidades.